Cinco cambios que sí necesita el mercado de valores ecuatoriano

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En las últimas semanas, la discusión sobre la reforma a la Ley de Mercado de Valores se ha concentrado, con razón, en aquellos aspectos que generan preocupación dentro del sector. Ese debate es necesario y debemos participar activamente en él. Pero creo que también vale la pena aprovechar este momento para hacernos una pregunta distinta: ¿Qué mercado de valores queremos construir para los próximos diez años?

Si esta reforma va a abrir una conversación sobre el futuro del mercado, no deberíamos limitarnos únicamente a señalar aquello con lo que no estamos de acuerdo. También deberíamos aprovechar la oportunidad para impulsar los cambios que durante muchos años hemos considerado necesarios.

Comparto cinco iniciativas que, en mi opinión, podrían tener un impacto real en el desarrollo del mercado de valores ecuatoriano.

Primero, facilitar el ingreso de nuevos inversionistas. Si queremos que más ecuatorianos inviertan, primero tenemos que hacer más fácil que puedan empezar. Hoy una persona que quiere invertir USD 500 enfrenta prácticamente el mismo proceso que alguien que invertirá cientos de miles de dólares. Un régimen simplificado para inversionistas de bajo monto, basado en un enfoque de riesgo proporcional, permitiría ampliar la base de inversionistas sin sacrificar los controles que exige el sistema.

Segundo, digitalizar completamente la experiencia del inversionista. Abrir una cuenta de inversión debería ser tan sencillo como abrir una cuenta bancaria. La tecnología ya existe. El desafío ahora es eliminar procesos innecesarios para que el mercado sea tan accesible como cualquier otro servicio financiero moderno.

 

Tercero, fortalecer la transparencia y el acceso a la información. Mientras más información exista y más fácil sea acceder a ella, mejores decisiones podrán tomar inversionistas, emisores y participantes del mercado. La confianza también se construye con información clara, oportuna y disponible para todos.

Cuarto, crear espacios para innovar. Un sandbox regulatorio permitiría que nuevas plataformas, productos y modelos de negocio puedan desarrollarse bajo la supervisión de las autoridades. La innovación y la protección del inversionista no son objetivos opuestos; por el contrario, deben avanzar juntas.

Finalmente, promover una competencia basada en reglas iguales para todos. La competencia siempre será positiva cuando quienes realizan la misma actividad estén sujetos a los mismos estándares, obligaciones y supervisión. Ese principio fortalece la confianza, evita arbitrajes regulatorios y genera mejores condiciones para el desarrollo del mercado.

Estoy convencido de que el mercado de valores ecuatoriano tiene mucho espacio para crecer. Pero ese crecimiento no llegará únicamente por modificar una ley. Llegará cuando logremos que más personas encuentren en el mercado una alternativa para invertir su patrimonio y que más empresas lo vean como una fuente natural para financiar su crecimiento.

Ese, en mi opinión, debería ser el verdadero objetivo de cualquier reforma al mercado de valores.

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